Me despido.

He tardado mucho tiempo en despedirme de mi querido J. Lo aprehendí tan fuerte que he estado a punto de empañar su recuerdo. Hace veinte días le di las gracias por verme de colores y le dije adiós. Pero no me fui. Me escondí y le observé desde la distancia. Le escuché reír, le vi tontear con otras, escuché su música, acaricié a su perro... De todas esas personas, yo era la única que no podía interactuar con él, así que me alejé. Y me costó, porque ahora fisgar en la vida de los demás es demasiado fácil, aunque te separen miles de kilómetros de distancia. Comprendí que su forma de continuar era ésa. Y esto es cuestión de respeto.

Ahora no se ha ido él, me he ido yo.


Gracias por verme de colores. 



 

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