Silencio: el ruido se apagó.

Hace un mes conocí a una persona que me sacudió. Me hizo sentir cosas distintas y me aferré a ella. Me dedicó esta canción sin saber que había producido el mismo efecto en mí: apagó el ruido. 

A veces verbalizo las cosas de forma un tanto "rara". Así que cuando digo "no encuentro el silencio", significa que he perdido mi centro, que hay una maraña de pensamientos que no me permiten hallar la serenidad que necesito en mi vida. En esos momentos tiendo a aislarme, como si el silencio exterior pudiera acallar esas voces que hay en mi cabeza. Algunas veces he tardado años en volver a encontrar ese espacio de tranquilidad, un lugar concreto dentro de mí, un estado de calma.

Esta mañana me he despertado, he ido tomando conciencia de mi cuerpo poco a poco, he remoloneado en la cama y, de repente, ahí estaba: nada. Absolutamente nada. No había recuerdos, ni imágenes, ni sonidos, ni pensamientos. Sólo un espacio yermo, de paz.

Siempre he sabido que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio interruptor. Pero no está de mas que alguien te ayude a encontrarlo. Quizá ésa fuera su función.

Mi aprendizaje, no obstante, es doble: sentir y dejar ir. He de abrirme a lo que venga y soltar. Exponerse sin miedo, con la certeza de que todo en esta vida es pasajero, que lo único incólume hemos de ser nosotros. La siguiente vez desapareceré en un ascensor cubierta de purpurina con una sonrisa.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Me despido.

Kintsugi: las cicatrices de mi vida.